Míriam, quien tiene 17 años, viajó por
tierra varias horas, desde el pueblo donde vive, para contarnos su historia.
“Quiero que sea una
niña”
En 2014, fue raptada
por Boko Haram por seis meses. Fue obligada a casarse con uno de los
combatientes, quien la violó repetidas veces. Ahora se encuentra embarazada con
un hijo de ese hombre. Es difícil notar su embarazo. Su figura es pequeña y
está cubierta por un vestido hecho con un material brillante y un hijab (velo islámico) de flores largo.
Míriam llegó al hotel
donde nos hospedamos escoltada por un joven que también vive en su pueblo y que
conoce a su familia. No era apropiado para ella quedarse con él durante la
noche o quedarse sola. Le preguntamos a Míriam qué quería hacer y nos dijo:
"Me quiero quedar con ella" y me señaló. El inglés de Míriam era
marginalmente mejor que mi inexistente hausa.
Pude explicarle cómo
usar la ducha, conseguí que le lavaran su ropa y le di algunas de mis prendas.
Salió de la ducha envuelta en una toalla blanca y esponjosa. Parecía una niña.
Cuando señaló su vientre, pude darme cuenta de cuán avanzado está su embarazo. Después
me contó cómo su comunidad la había rechazado desde que se escapó de su
cautiverio en estado de embarazo. "La gente me considera una
paria. Me recuerdan que tengo Boko Haram dentro de mí. Me maldicen en la calle,
me dicen cosas".
"Yo realmente
quiero que sea una niña. La amaría más que si fuera un niño. Un niño siempre
será conocido como un hijo de Boko Haram. Y eso me da miedo".
Eran las 10 de la noche y me salí por
un momento para reflexionar. Era muy consciente de cuán vulnerable es esta
joven. Era consciente de que algunas jóvenes como Míriam han sido forzadas,
después de meses de tortura y abuso, a unirse a Boko Haram e incluso obligadas
a matar en su nombre. Me daba miedo pensar lo que esta jovencita ha tenido que
ver y cómo se sentiría junto a mí y en este nuevo y extraño entorno para ella… Por
instantes Míriam parecía la típica chica de 17 años que hace pruebas con el
maquillaje. Pero eran solo eso… Instantes.
El año pasado, Boko Haram atacó y se
apoderó de su pueblo. Fue llevada a una casa. La encerraron en un cuarto
pequeño junto a otras 40 mujeres. Al principio se resistió a cualquier
matrimonio. "¿Cómo me voy a casar así como así, sin el consentimiento de
mis padres? Estoy muy asustada", les dijo. Pero eventualmente accedió
después de que el grupo implementara una cruel táctica: cuatro hombres fueron
degollados frente a ella. "Eso le pasará a cualquier muchacha que se
niegue a casarse", los militantes le dijeron.
"Corrió,
corrió y corrió"
Después de seis meses y un escape
frustrado, Míriam tuvo ante sí otra oportunidad para huir. El hombre con quien
fue obligada a casarse la había dejado sola y ella no lo dudó. Corrió, corrió y
corrió y no volteó hacia atrás hasta que llegó a su casa. "Tomé algo antes
de irme", me dijo. De un nudo que había hecho de un material que rodeaba
su cintura sacó algo que tenía escondido: una tarjeta SIM.
No podía creer cuán
valiente había sido. La había agarrado del teléfono del hombre a quien le
impusieron casarse.
Vimos los archivos de video que
estaban guardados. Había pueblos incendiados, decapitaciones, cadáveres en las
calles. La imagen granulada de un joven emergió batiendo su rifle para celebrar
un ataque en un pueblo. "Mi esposo", Míriam dijo. "Si él me
llega a ver otra vez, me matará".
La chispa que había visto en ella
anteriormente se fue difuminando. "Los hombres de mi familia están muertos",
me dijo. Boko Haram los mató. "Estoy sola con mi mamá". Otra vez una
luz apareció, pero parecía más bien una llamarada de ira. "Dios me hará justicia", dice. "No tengo más nada que
decir".
