Juan 9: 8 –
9, 8 Sus vecinos y
los que lo habían visto pedir limosna decían: «¿No es éste el que se sienta a
mendigar?» 9 Unos aseguraban:
«Sí, es él.» Otros decían: «No es él, sino que se le parece.» Pero él insistía:
«Soy yo.»
B) Unos aseguraban: «Sí, es él.» Es decir, es el mismo que se
sentaba a mendigar, y era ciego. Estos eran buenos testigos pues llevaban mucho
tiempo contemplando sentado en su silla a este hombre, tan ciego como una
piedra.
SEGUNDO: Otros decían: «No es él, sino que se le
parece.» Como si dudaran de que pudiese ser el mismo, se limitaban a
comentar. No es posible que sea el mismo, sino que es uno que se le parece
mucho. Pero, si resultaba que era el mismo esta misma confesión mostraría que
se había obrado en él un milagro portentoso, asombroso.
«Señor, crea
en nosotros hambre y sed por la Palabra que vivifica».
«¡Sea Dios exaltado!»
PARA RUMIAR:
Cuando existe un intenso deseo de hacer lo que es
bueno, Dios mostrará, por el medio que Él escoja, el camino a seguir.
Dios te siga
bendiciendo.
Pastor Mario
Arcila Castaño. M. A. C.