Juan 9: 8 –
9, 8 Sus vecinos y
los que lo habían visto pedir limosna decían: «¿No es éste el que se sienta a
mendigar?» 9 Unos aseguraban:
«Sí, es él.» Otros decían: «No es él, sino que se le parece.» Pero él insistía:
«Soy yo.»
1) En la
sabiduría y el poder de la providencia de Dios al proveer tal variedad de
rostros en hombres y mujeres, que, aun cuando sean miles los habitantes de
nuestro planeta no se hallan dos personas que sean totalmente idénticas.
Incluso en los hermanos gemelos univitelinos, nacidos del mismo óvulo, aun
cuando mucha gente no acierta a distinguirlos, diferenciarlos, su madre los
distingue por algún detalle, por mínimo que sea. Esto es sumamente conveniente
para la sociedad, el comercio y administración de justicia. Que caos se
originaría, si no se pudiese distinguir la facciones del rostro.
2) En el
maravilloso cambio de la gracia de Dios es capaz de operar en personas que han sido
malvadas y perversas, pero que, al recibir al Señor, de tal manera que cambian
visible y notoriamente, que uno se sentiría inclinado a pensar que no es la
misma persona.
TERCERO:
Esta controversia entre los vecinos quedaba resuelta por el testimonio del
propio ciego, ahora sanado de su ceguera. Pero él
insistía: «Soy yo.» Es decir, “yo soy el mismo de antes, pero no soy ciego como antes”. El que
antes era ciego, pero ahora veía, se había convertido en un monumento de la
Misericordia y la Gracias de Dios, no han de sentir vergüenza en confesar lo
que antes eran.
«Señor, crea
en nosotros hambre y sed por la Palabra que vivifica».
«¡Sea Dios exaltado!»
PARA RUMIAR:
El Señor mira las actitudes del corazón por lo que no solo mira si tal
o cual cosa fue hecha con buena intención. También mira si hubo, o hay,
intención de hacerlo cada vez mejor.
Dios te siga
bendiciendo.
Pastor Mario
Arcila Castaño. M. A. C.
