Pan Integral Devocional: Sabemos que nació ciego.


Juan 9: 20 – 21, 20 —Sabemos que éste es nuestro hijo —contestaron los padres—, y sabemos también que nació ciego. 21 Lo que no sabemos es cómo ahora puede ver, ni quién le abrió los ojos. Pregúntenselo a él, que ya es mayor de edad y puede responder por sí mismo.

Continuamos:
Si lo sabían bien, porque les había causado muchas lagrimas y muchas horas de molestias y fatiga la condición de su hijo. Quienes se avergüenzan de sus hijos a causa de las enfermedades físicas o mentales de éstos tienen aquí una lección que aprender, pues estos padres no tuvieron vergüenza en reconocer por suyo, este hijo, recordemos Juan 9: 2, Y sus discípulos le preguntaron: —Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? Pero con toda cautela, declinan el dar evidencia del modo como se había llevado a cabo la curación, puesto que ellos no habían sido testigos de ella: Lo que no sabemos es cómo ahora puede ver. Ahora bien, estos padres quedaban obligados a guardar inmensa gratitud hacia el Hombre que de tal manera había curado a su hijo, pero no tuvieron el coraje de dar testimonio explícito acerca de Jesús. Por eso, Pregúntenselo a él, que ya es mayor de edad y puede responder por sí mismo. Aunque, para ciertas obligaciones, la edad era a los 13 años, en caso como éste es preferible la opinión de Ryle, de que la edad era a los treinta años. En el siguiente versículo explica la razón por la que los padres de este hombre tuvieron miedo de dar de Jesús un testimonio claro y valiente. Al que, por esto, se les acuse de cobardes, hemos de hacerle la pregunta: ¿Qué habría hecho usted ante una situación semejante y con el escaso conocimiento que, sin duda, estas personas tenían un Salvador?

Juan 9: 20 – 21, 20 —Sabemos que éste es nuestro hijo —contestaron los padres—, y sabemos también que nació ciego. 21 Lo que no sabemos es cómo ahora puede ver, ni quién le abrió los ojos. Pregúntenselo a él, que ya es mayor de edad y puede responder por sí mismo.

Señor, crea en nosotros hambre y sed por la Palabra que vivifica».
«¡Sea Dios exaltado!»

PARA RUMIAR:
Eclesiastés 11: 4, 4 Quien vigila al viento, no siembra; quien contempla las nubes, no cosecha. Algunos de nosotros hemos heredado un espíritu de perfeccionismo que con frecuencia nos juega una mala pasada.

Dios te siga bendiciendo.


Pastor Mario Arcila Castaño. M. A. C.