La navidad y sus símbolos son relevantes para muchos o, por lo menos, son identificables por la mayoría de las personas, sean cristianas o no lo sean. Acerca de estos, se discute acerca de su origen; unos afirman que son de origen cristiano y otros de origen pagano. Este artículo habrá de ocuparse del árbol y su origen, a través de dos perspectivas: el árbol de navidad como pagano y el árbol de navidad como cristiano.
Aquellos que consideran que el árbol de navidad es pagano, trazan sus orígenes al árbol Yggdrasil, a los cultos druídicos, a los cultos dedicados a la naturaleza e incluso a los cultos mistéricos[1]. Quienes consideran que el árbol de navidad es de origen cristiano, reconocen a Martín Lutero como inventor de éste; la Iglesia Católica, por su parte, lo considera una tradición de los primeros cristianos.
La discusión en torno al árbol de navidad obedece a esa necesidad que sienten algunos cristianos de mantener a la cristiandad en un estado lo más puro posible y lejos de las influencias culturales (antiguas y modernas) que no correspondan a la verdadera doctrina. Esta actitud y disposición de someterlo todo a la Palabra de Dios es loable y ha tomado distintos matices a lo largo de la historia de la cristiandad: por tal razón los padres de la Iglesia[2] (San Ambrosio, San Agustín, San Jerónimo,…) reconocen a la navidad y por la misma, los puritanos la prohibieron. En su celo unos la aprobaron para sustituir al paganismo y otros la prohibieron por no ser mencionada en la Biblia o haber sido celebrada por los hebreos o por los apóstoles.
A continuación expondré dos puntos de vista frente al árbol de navidad, uno reprobándolo y otro aprobándolo. La reprobación se trabajó con base en el libro Babilonia misterio religioso y la aprobación basada en la leyenda en torno a Lutero. Aunque, cabe aclarar, no son los únicos argumentos usados por cada una de las partes y si siente curiosidad le invito a que investigue y ahonde en el tema.
El árbol de navidad es un símbolo pagano
Ralph Woodrow en Babilonia Misterio Religioso rememora una fábula babilónica que relata como Semiramis, la madre de tammuz, afirmaba que de un tronco muerto se desarrolló un árbol vivo. Tal árbol representaba a Nimrod, su esposo muerto, quien reviviría en la persona de Tammuz (2013).
Woodrow, siguiendo la temática de su libro, menciona la propagación del mito al resto del mundo. Y puede que tenga razón, ya que al examinar los mitos de las diferentes culturas, como la egipcia (el sicómoro), la griega (el jardín de las hespérides y el roble de Dodona), la romana, la nórdica (Yggdrasil), la celta (el roble), la islámica (Zaqqum) e incluso Ki’she’, notamos la importancia de ciertos árboles dentro de sus respectivas cosmologías, es decir, maneras de ver el mundo.
Pero para entender el porqué el árbol de navidad es y fue tan importante, si lo consideramos desde una perspectiva pagana, es necesario entender lo que representaba Yggdrasil para los escandinavos y el solsticio de invierno para los romanos. Primero, Yggdrasil era quien sostenía y conectaba los nueve mundos de la mitología nórdica; segundo, la celebración de la Saturnalia marcaba el comienzo de un nuevo año y el regreso de la luz del sol, que alegraba a la gente.
Ilustración de Yggdrasil por Kevin Crossley-Holland (1988).
Incluso que el pino y otros perennifolios[3] hayan sido escogidos para representar a Nimrod revivido en la persona de Tammuz (Woodrow, 2013) no es casualidad. Estos árboles tienen hojas vivas durante todo el año y es probable que en medio del invierno, asociado por los pueblos antiguos con la muerte, fueran vistos como una señal de esperanza y usados en festividades relacionadas con la vida; al igual que el inicio del invierno coincidía con festividades que recordaban a la muerte (véase Samhain). Además, Tal como se hace hoy en día, los árboles usados en tales festividades eran decorados; los latinos, por ejemplo, decoraban los árboles con cerezas rojas durante la Saturnalia[4] (Woodrow, 2013).
Señala Woodrow, que deidades (solares) como Mitra, Osiris, Horus, Hércules, Baco, Adonis y Júpiter, proceden de la leyenda de Tammuz y eso explicaría la coincidencia de sus respectivas celebraciones. Otra característica de estos dioses es su carácter salvador, que según Woodrow, es un intento por imitar la promesa hecha en Génesis 3:15 por Dios, al Hombre, en el Edén (2013).
La Iglesia no pudo eliminar por completo las antiguas costumbres y tuvo que decidir entre exigir el abandono de tales por los recién convertido o cristianizarlas y hacerlas probas ante Dios. Se escogió la segunda opción y los resultados son patentes en la cultura occidental.
Ya para concluir, puede que la navidad haya tenido un origen pagano, aunque lo que me llama la atención y quisiera destacar es el cristianizar las fiestas paganas para facilitar la conversión ante la incapacidad propia de la Iglesia Imperial -que luego se convertiría en la Católica- de hacerlo por medio del Evangelio y de cambiar los corazones de quienes pretendía convertir. Tema que es transversal a Babilonia Misterio Religioso.
Adicionalmente, Dios expresa en la Biblia el rechazo por la idolatría y ordena el derribar los lugares en donde se hacían o hacen tales rituales: montes altos, sobre los collados y debajo de todo árbol frondoso. Los versículos citados por Woodrow son Deuteronomio 12:2; 1º Reyes 14:23; 2º Reyes 16:4 y 17:10; Ezequiel 6:13.
Lo que valdría la pena preguntarse es si el origen de una costumbre se sobrepone a su fin decorativo y a las buenas intenciones que se pretendan llevar a cabo por medio de ella, y si es posible santificar una fiesta de origen pagano.
El árbol de navidad es un símbolo cristiano
Los cristianos que defienden al árbol de navidad como símbolo cristiano creen que Bonifacio, misionero inglés en Alemania en el siglo octavo, instituyó el árbol de navidad. Para otros fue Lutero quien introdujo el árbol de navidad (MacArthur, 2011).
Se considera a Alemania la cuna del árbol de navidad, país donde los cristianos devotos decoraban los árboles. Si se reconoce a Lutero como inventor del árbol de navidad, no es de extrañar que conforme se expandía la Reforma, también lo hiciera el árbol de navidad. No obstante, la Enciclopedia Católica menciona un poema francés del siglo trece en el cual se describe un árbol decorado con candelabros y acusa a la prohibición del muérdago, impuesta por Martín de Braga, como principio de lo que hoy conocemos como árbol de navidad (2015).
Según la leyenda, Lutero se dirigía a casa y atravesaba un oscuro bosque, pero no se dio cuenta que ya anochecía y los animales salvajes, como los lobos, comenzaron a salir. En ese momento Lutero sintió angustia y oró a Dios para que lo confortara y guiara a casa. Él miro a las estrellas centelleando entre los árboles y concluyó que en medio de esa oscuridad las luces del cielo lo guiaban y confortaban. Inspirado por aquella experiencia, decidió cortar un árbol y recrear lo visto para enseñarlo en su hogar. Él afirmaría lo siguiente: “En el momento en que estaba atemorizado, vi las estrellas parpadeando entre los árboles, como si Dios me estuviese diciendo: ‘No temas, porque yo estoy contigo’”; luego añadiría, “El verdor del árbol nos hace meditar en que el amor de Dios es eternamente verde, eternamente vivo, y que se encarnó por nosotros en el vientre de una virgen” (Lutero, citado por René Mejía Vides, 2003); y concluiría con:
“Padre celestial, tú diste a tu Hijo para ser la luz del mundo. Tú hiciste que tu Hijo naciera en un cuerpo humano, para mostrarnos tu amor. Te agradecemos por tu Hijo y por estas señales de tu amor. Nosotros oramos que mientras veamos estas preciosas luces en los árboles de Navidad, y todas las maravillosas demostraciones de esta época, seamos recordados de tu amor mostrado a nosotros en tu Hijo”. (Lutero, citado por René Mejía Vides, 2003)
Basado en lo anterior, podría afirmar que el árbol de navidad aunque coincida con la practicado por los paganos, no tiene el mismo fin. El árbol establecido por Lutero nos recuerda el nacimiento de Cristo, mientras los paganos rendían culto al árbol mismo, ya que identificaban al árbol con el dios celebrado. Estamos ante una línea muy fina que divide lo que es recordar y adorar.
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Martín Lutero y su familia en Navidad
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Conclusión
John MacArthur en ¿Deberían tener árboles de Navidad los cristianos? diferencia entre el árbol decorativo y el árbol objeto de adoración (2011). Los paganos adoraban a el árbol, pero el árbol le recordaba a Lutero y a su familia que incluso en la hora más aciaga Dios está con el creyente y lo guiará y confortará.
Además, MacArthur considera que aquellos pasajes que se expresan contra la idolatría -entre los cuales se encuentran los citados por Woodrow- y se refieren al leño, hablan del leño tallado o usado como altar, no al árbol en sí. Es decir, nos encontraríamos ante un problema de uso y no de maldad intrínseca.
No obstante, tienen razón quienes critican a la Iglesia por acomodarse a la cultura al mismo tiempo que desprecia al Evangelio. Habrá elementos culturales comunes entre los distintos grupos humanos, por ejemplo: el calendario lunar fue usado por los pueblos semitas, incluidos los hebreos. Aún así, los hebreos se distanciaron del resto de los semitas al abandonar a los dioses para seguir al verdadero Dios.
El cristiano no está llamado a ocultarse del mundo (Mateo 5:14-16), mas no podemos justificarnos en ello para despreciar a la Verdad con el propósito de atraer a muchos a las iglesias. Éxodo 23:2 nos exhorta a no seguir el mal de la multitud y Santiago 3:11 asevera que de una misma fuente no pueden brotar agua dulce y amarga .
Está claro que los apóstoles nunca celebraron el nacimiento de Cristo, menos aun los hebreos. Pero eso no quiere decir que celebrarla esté mal. ¿Entonces cuál es el problema con la navidad? El problema de la navidad es que recuerda más a los viejos ritos paganos y a sus dioses que a la fiesta por medio de la cual se pretendía honrar a Cristo.
La navidad fue establecida y celebrada el 25 de diciembre para sustituir las fiestas ofrecidas a Mitra y a las demás deidades solares, pero al no poder cambiar los corazones de los romanos, le fue a la Iglesia imposible eliminar de la cultura a tales deidades. Tal vez, y con razón, Woodrow atacó a la navidad, porque ésta fue más un cambio nominal que un cambio en el actuar. Ante la imposibilidad de transformar el mundo, los cristianos se conformaron con cristianizar la cultura.
Por tanto, el problema no es la fecha[5] ni el árbol, sino la incapacidad cristiana de cumplir su llamado. Deténgase y analice la palabra Christmas; notará que contiene la palabra Cristo, pero si hay alguien ausente en estas fiestas es Cristo. El tesoro[6] de muchos está en el dinero o en el reconocimiento o en el placer descontrolado. Navidad, por ahora, recuerda más al ritual pagano señalado por Woodrow que al recuerdo de la venida de Cristo propuesto por Lutero.
Diego Andrés Cleves Leguízamo.
Filosofía Seminario Berea
[1] Un ejemplo de culto mistérico son los cultos a Mitra o a Isis celebrados en Roma.
[2] El título de padres de la Iglesia les fue conferido por Roma y no por los reformadores protestantes, aunque, cabe aclarar, la influencia de Agustín en Lutero es difícil de negar.
[3] Árboles que tienen hojas vivas durante todo el año; el pino forma parte de este grupo.
[4] Durante la Saturnalia también se daban regalos unos a otros, entre otras coincidencias con nuestra celebración de navidad.
[5] Realmente la Biblia no indica la fecha del nacimiento de Cristo y se han establecido varias fechas, por medio de diferentes cálculos.
[6] Mateo 6:21.

