Juan 9: 28 – 29, 28 Entonces lo
insultaron y le dijeron: —¡Discípulo de ése lo serás tú! ¡Nosotros somos
discípulos de Moisés! 29 Y sabemos que a Moisés le habló Dios; pero de éste
no sabemos ni de dónde salió.
Vemos aquí que:
PRIMERO, le echan en cara el afecto que siente hacia
Jesús: Entonces lo insultaron y le
dijeron: —¡Discípulo de ése lo serás tú! O, como dice la Vulgata Latina, le maldijeron. ¿Y cuál fue la maldición
que le echaron? —¡Discípulo de ése lo
serás tú! Fijémonos el pronombre con que le silencian despectivamente el
nombre de Jesús, como su fuera para ellos un veneno. Piensan que, con ello,
infieren al hombre el mayor insulto posible. Dice Agustín de Hipona: “Caiga esa
maldición para siempre sobre nosotros y sobre nuestros hijos” Adviértase que
estos fariseos no tenían ningún motivo para llamar a este hombre discípulo de Jesús, cuando se había
limitado a hablar bien de quien le había hecho tan gran favor, pero ni esto
podía soportar ellos oír.
Señor, crea en nosotros hambre y sed por la Palabra que vivifica».
«¡Sea Dios exaltado!»
PARA RUMIAR:
Cuando
no existe la capacidad de inocente asombro, aún la manifestación más abundante
de señales no será percibida. Christopher Shaw.
Dios te siga bendiciendo.
Pastor Mario Arcila Castaño. M. A. C.