Agustín de Hipona, enseñó muy acertadamente, que el
ser humano nace con un gran vacío interior que solo se puede llenar con la
presencia de Dios; por eso es inútil buscar la felicidad en opciones distintas.
Todo lo que el hombre pretende para ser feliz, es un esfuerzo perdido fuera del
camino de Dios.
Desgraciadamente gran parte del cristianismo, fue
desde un principio influenciado por corrientes ajenas a la Biblia; y, debido a
esto, se ha cometido durante veinte siglos el error tan grande de entristecer
al hombre, deprimirlo, llevarlo a una vida de amargura, en la práctica de un
ascetismo mal entendido.
Randall Jarrell, poeta norteamericano dijo: “El
dolor viene de la oscuridad y lo llamamos sabiduría”. El cristianismo por sí
mismo y en sí mismo es alegría de vivir. San Pablo, al enumerar el fruto del
Espíritu Santo, pone la alegría después del amor.
Confiemos en que el tema de la alegría pueda
derrotar el miserabilismo que hoy muestra a los cristianos como caricaturas de
hijos de Dios; nuevas criaturas a medio formar, bocetos de hombres mejores,
proyectos de algo ideal que hoy no es posible; pero no, seres humanos
verdaderos transformados por el poder del Dios Todopoderoso.
Dios te ilumine y te de el entendimiento de
Su Palabra.
