Las miradas están puestas en el autodenominado Estado Islámico y sus militantes. Todos hemos vistos vídeos de las ejecuciones. ¿Puede uno permanecer como cristiano dentro del Estado Islámico? Las decenas de miles de cristianos refugiados y personas desplazadas que prefirieron no intentarlo, parecen probar que es imposible. Pero ahora nos encontramos con Juan, un cristiano que abandonó Raqqa recientemente, la capital del Estado Islámico. Nos aporta una visión única de cómo pudo vivir como cristiano en esa ciudad durante tanto tiempo.
Juan* vivió como cristiano en Raqqa durante más de un año. Su padre y él firmaron el documento jizya, con el que acordaban pagar la tasa anual para continuar viviendo como cristianos en el llamado califato. Pero no pudo aguantarlo más y huyó de Raqqa.
Según este estudiante de 20 años, en Raqqa se vive una vida normal. Las tiendas y restaurantes están abiertos y hay comida, electricidad y agua; en ese aspecto la gente en Raqqa está en una mejor posición que aquellos que viven en una ciudad como Alepo. Pero este ‘lujo’ viene con una libertad restringida.
Cómo empezó
Después de una semana de luchas intensas con otros grupos radicales, el Estado Islámico tomó el control de Raqqa el 13 de enero de 2014 y la declaró la capital del califato. Juan los vio llegar desde la acera, como hicieron muchos otros habitantes de Raqqa. El aire se llenó de muchas voces que gritaban: Allahu Akbar. "Venían con tanques, vehículos militares e incluso un gran misil de 5 metros de altura por lo menos. Aquello me impresionó, era muy intimidante".
Pronto, el EI empezó a ejecutar a los sospechosos de apoyar al presidente o a aquellos que habían luchado junto a otros grupos rebeldes contra el EI. "La misma semana que declararon Raqqa como capital, destruyeron el interior de tres iglesias. Rompieron todo lo que había dentro: los iconos, el altar… todo. Un edificio de una iglesia es ahora un centro para el EI". También destruyeron las mezquitas chiíes.
De repente, su familia y él estaban viviendo en la capital del califato. Nadie fue obligado a quedarse, podían marcharse. Muchos lo hicieron. "La vida volvió a la normalidad muy rápido", aclara Juan. "Las tiendas volvieron a abrir, los restaurantes funcionaban con normalidad, pero las iglesias ya no podían usarse como iglesias".
Conviértete, márchate o paga
Poco después, los nuevos dirigentes de la ciudad se reunieron con los líderes cristianos: "Podíamos convertirnos en musulmanes y vivir una vida normal en Raqqa, podíamos marcharnos, o podíamos quedarnos y pagar el jizya, un tipo de impuesto. El primer año la tasa era de 54.000 libras sirias por hombre (250 euros aproximadamente); el último año la tasa subió a 164.000 libras sirias por hombre (775 euros). Las mujeres y los niños no les era necesario pagar". Su padre y él sí pagaron: "Así que nos quedamos, yo pude continuar mis estudios y mis padres su negocio".
Juan pronto fue testigo de la manera cruel en que el Estado Islámico trata a sus enemigos y a la gente que no obedece sus leyes. "Vi muchas crueldades. Cada viernes se ejecutaban personas. Yo estuve allí cuando decapitaron al primer hombre en público. Pero me puse realmente enfermo debido a lo que hicieron con los cientos de soldados de la base del ejército sirio en Raqqa". Para Juan, los miembros del Estado Islámico eran como monstruos que podían atacar en cualquier momento. "Matan por muchas razones, tienes que ser consciente de ello constantemente".
Tan pronto como el Estado Islámico tomó el control de Raqqa, el único sacerdote que vivía allí abandonó la ciudad. La mayoría de las 1.500 familias que eran cristianas antes de la guerra se marcharon durante los primeros días. Unas cincuenta familias se quedaron atrás sin líderes y sin una iglesia. Según Juan, se quedaron principalmente porque sabían que perderían sus casas y sus propiedades si se marchaban.
¿Cómo lo hicieron Juan y otros para lograr vivir allí? "Me acostumbré a todo. Creo que tiene algo que ver con cómo crecimos como cristianos; somos gente fuerte. Y sí, puedes vivir como cristiano en el Estado Islámico si pagas el impuesto. No les vi maltratando a los cristianos por causa de su religión".
A pesar de los actos crueles, "los militantes del EI son gente normal", dice Juan de forma sorprendente: "Pude hablar con ellos de forma normal. Eran graciosos a veces. Una vez en el gimnasio les oí contando chistes".
Juan relata como unos hombres con un peinado "occidental" y otros que llevaban unos "vaqueros ajustados" fueron obligados a montarse en un autobús y llevados a un gran salón. "Todo sucedió de forma organizada y con respeto. Un militante tunecino (de Túnez) del EI empezó a hablar: ‘Sois la nueva generación de la juventud islámica. Parecéis occidentales. Parece que os gustan los occidentales y el estilo occidental. Pero a ellos no les gustáis, la gente de Occidente os odia. Los occidentales siempre están maquinando para apartaros del islam’. Los que llevaban los vaqueros ajustados tuvieron que firmar un documento prometiendo que ya no llevarían más esos pantalones. Nos afeitaron la cabeza y nos dijeron que ya no podíamos llevar ese peinado occidental".
El cambio para las mujeres en Raqqa fue más radical. Todas las mujeres, musulmanas o no, deben cubrirse completamente cuando salen de casa. No pueden enseñar nada de piel. "Fue duro para mi madre y mi hermana", dice.
"Confío más en Dios"
Cuando Juan no pudo continuar sus estudios en Raqqa, se marchó a otra ciudad de Siria: "claro que me siento mejor. Puede que no tenga agua ni electricidad cada día como tenía en Raqqa, pero me siento más seguro, tengo paz. Donde vivo ahora no tengo que tener miedo de la gente que me encuentro en las calles".
Como cristiano, ha crecido en su fe en Al-Raqa. "Sí, confío más en Dios. Alguna vez hubo explosiones muy cerca de donde vivía y donde trabajaba. Realmente vi la protección de Dios en mi vida. También he visto su mano en cómo me ha protegido a mí y a otros cuando tuvimos que huir de Raqqa en medio de la noche. Normalmente, la gente puede salir si tienen una buena justificación para hacerlo. Yo no tenía tal motivo, así que tuve que marcharme de forma ilegal". Oremos juntos y demos gracias a Dios por proteger la vida de Juan y su familia.
¡Qué vida han tenido!
*Nombres cambiados por razones de seguridad.
Fuente: https://www.puertasabiertas.org/noticias/siria20160215
