Pero Jesucristo no solamente nos liberó de la
esclavitud y de la guerra. Posibilitó una nueva etapa: Podemos tener la paz de Dios en nuestros corazones aquí
y ahora. Para nosotros la paz de Dios
no se reduce a un simple armisticio; una tregua. Es una guerra que ha terminado
para siempre.
Refiriéndose a la paz de Dios, Spurgeon dijo: “Miré a Cristo y la paloma de la paz,
voló a mi corazón; miré a la paloma de la paz y la paloma alzó vuelo y se fue”.
No debemos mirar el resultado; sino la Fuente de toda paz; porque Cristo
por medio del Espíritu Santo, sabiamente cultiva nuestras vidas, para
permitirnos lograr la paz. Debemos apropiarnos de lo que Jesús prometió; Mateo 11: 28, 28 »Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les
daré descanso. Es decir nos dará “paz.”
En la carta a los romanos, Pablo nos escribe lo
siguiente; Romanos 15: 13, 13 Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes
que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo. No hay forma para describir mejor la alegría y la paz; ¿La tenemos en
nuestros corazones?
Dios te ilumine y te de el entendimiento de
Su Palabra.
Pastor Mario Arcila Castaño. M. A. C.
