“Sabemos lo que
significa el temor al Señor y por eso queremos convencerlos a todos de que
acepten la verdad” – 2 Corintios 5:11 (LPD).
| Foto: Revista Semana. |
19 de Mayo de 2015 - Hace unos días Monseñor Juan Vicente Córdoba,
presidente de la Comisión de Vida de la Conferencia Episcopal Colombiana, se
refirió en términos poco usuales al homosexualismo, argumentando en primer
lugar que este no es un pecado y que quien ha escogido esta conducta no es
pecador. Añadió también, en un tono poco adecuado para un ministro de la
iglesia, que “no sabemos si alguno de los discípulos era mariconcito o si la
Magdalena era lesbiana; parece que no, porque bastantes pasaron por sus
piernas”. Además dijo que “el pecado es no respetar la dignidad de los demás”.
Y en relación con la posibilidad de que a las parejas de homosexuales se les
autorice la adopción de niños por parte del gobierno nacional de Colombia
añadió: “esto no es de ganar batallas por genitalidad, por penes o vaginas”.
Aunque un par de días después de haber
mencionado estas frases en un foro organizado por la Universidad de Los Andes y
las fundaciones Buen Gobierno y Colombia Diversa (que defiende las posturas de
la comunidad LGBTI), Monseñor Córdoba se disculpó con la comunidad LGBTI argumentando
haber utilizado “expresiones coloquiales que, fuera del contexto del encuentro
académico y del diálogo establecido con los asistentes, resultan claramente
desafortunadas”, no podemos –como cristianos- pasar por alto las palabras
pronunciadas por este prelado para analizar –desde la óptica bíblica- la
gravedad de las mismas.
En primer lugar queremos dejar por sentado lo
que es pecado. Compilando y analizando las Escrituras –las cuales son la
autoridad máxima para todo creyente en Dios- el pecado es definido como la
desobediencia a la ley de Dios, y este puede presentarse como transgresión,
injusticia, omisión de un deber conocido, iniquidad, perversidad, maldad,
rebelión, impureza, desobediencia, infracción a la ley, depravación, errores.
La palabra hebrea que se utilizó en el Antiguo Testamento para pecado significa
“errar el blanco” “torcido” “rebelión” o “infracción”, y todas ellas aplican a
lo que la Biblia afirma acerca de la homosexualidad.
No vamos a exponer aquí el asunto de si los
homosexuales son creados por Dios como homosexuales, porque partimos del hecho
de lo que afirma la Biblia en Génesis 1:27, “Así que Dios creó al ser humano a
su imagen y semejanza, creó al varón y a la mujer” (LPD); es una verdad que no
tiene discusión. Tampoco entraremos en detalle acerca del argumento expuesto
por la comunidad LGBTI acerca de que las relaciones que los unen están basadas
en el amor, solo diremos como lo ha expresado John Stott en su estudio Homosexualidad ¿Una opción cristiana?
que “esas relaciones son incompatibles con el verdadero amor, pues son
incompatibles con la ley de Dios. El amor se interesa en el sumo bienestar del
amado. Y nuestro sumo bienestar como seres humanos se encuentra en la
obediencia a la ley y el propósito de Dios, y no en la rebelión contra ellos”.
En este sentido, nuestra primera conclusión es
que los homosexuales son seres humanos creados por Dios como hombres y mujeres,
pero en pecado, es decir están transgrediendo la ley de Dios.
Ahora bien, ¿y por qué están transgrediendo la
ley de Dios? Lo primero es aclarar que el homosexualismo es pecado, pero no es
el único pecado, ni tampoco es un pecado que no tenga el perdón de Dios una vez
que la persona se arrepiente y abandona su conducta pecaminosa, al igual que
sucede con los mentirosos, los avaros, los ladrones, los asesinos, las
prostitutas, los adúlteros, y todos aquellos que en una u otra manera
desobedezcamos la ley de Dios.
Con respecto al pecado sexual el prolífico
autor cristiano John Stott en su estudio Homosexualidad
¿Una opción cristiana? cita al doctor Merville Vincent, del Departamento de
Psiquiatría de la Universidad de Harvard, quien aseguró en 1972: “Sospecho que,
desde el punto de vista de Dios, todos tenemos desviaciones sexuales. Dudo que
exista alguien que nunca haya tenido un pensamiento lujurioso que se desviaba
del perfecto ideal de Dios para la sexualidad”; así que podemos aclarar que el
homosexualismo, no solo no es el único pecado, sino que además, no es el único
pecado sexual. Ya había dicho Jesús que “Pero ahora yo te digo que si alguno
mira a una mujer con el deseo de tener relaciones sexuales con ella, en su
mente ya ha cometido pecado con ella” (Mateo 5:28 LPD).
¿Condena al
homosexualismo la Biblia?
Pero ¿Qué dice específicamente la Biblia sobre la
conducta homosexual y por qué la condena como pecado? y ¿en qué se equivocó
Monseñor Córdoba al afirmar que “No es inherente a la homosexualidad el ser
pecador” “Un homosexual puede ser santo cuando no ejerce el aprovechar o
dominar a otra persona para su goce, en esto no va relacionado el tema de la
sexualidad”?
De acuerdo con John Stott “hay cuatro pasajes
en la Biblia que se refieren (o parecen referirse) al tema de la homosexualidad
en términos negativos: 1. La
historia de Sodoma (Génesis 19: 1-13), con la que naturalmente se tiende a
asociar la similar historia de Gabaa, en Jueces 19; 2. Los textos de Levítico (18:22 y 20:13) que expresamente prohíben
acostarse ‘con varón como con mujer’; 3.
La descripción que el apóstol Pablo hace de la sociedad pagana decadente de su
época, en Romanos 1: 18-32; 4. Las
dos listas paulinas de pecadores, cada una de las cuales contiene una
referencia a alguna clase de práctica homosexual (1 Corintios 6: 9-10; 1
Timoteo 1: 8-11)”.
Si tomamos lo acontecido con Sodoma, la orden
dada por Dios de “no tendrás relaciones sexuales con otro hombre, como si fuera
mujer, porque eso es un pecado abominable” (Levítico 18:22 LPD), y lo expresado
por Pablo en sus cartas, nos deja claro la posición de Dios frente a la conducta
homosexual, y queda claro –por lo que hemos definido anteriormente que es
pecado- que los homosexuales son pecadores. Así que Monseñor Córdoba se
equivoca cuando afirma que los tales no lo son. Un homosexual no puede ser
santo, porque la santidad es una condición de Dios que significa sin pecado;
aquellos que hemos creído que Jesús es el Hijo de Dios enviado para salvación
de pecados, que murió y resucitó, estamos en un proceso de santificación porque
hemos sido apartados para Dios, pero nunca alcanzaremos el nivel de santidad de
Dios, quien es tres veces Santo.
De acuerdo con Stott, “si dejamos de lado la
enseñanza bíblica sana y positiva sobre el sexo y el matrimonio, nuestra
perspectiva de la homosexualidad seguramente será tergiversada”.
Por otra parte, en el documento en que Monseñor
Córdoba ofrece disculpas, además de insistir en que la conducta homosexual no
es pecado, lo cual ya hemos aclarado, añade que a sus expresiones no se le
pueden dar ningún valor teológico o moral. Y en esto también se equivoca,
puesto que la teología estudia la doctrina del pecado (Hamartiología) y el
concepto que emita alguien de su posición puede llegar a tener incidencia en
los creyentes, lo cual partiendo desde lo afirmado sería desastroso; y no nos
referimos con esto a que sus expresiones sean verídicas, puesto que hemos
dejado en claro la verdad conforme a la Palabra de Dios.
Además, Monseñor también pasó por alto que Dios
es un Dios cuya moral es absoluta, así que las expresiones que se hacen en
torno a lo que Él ha dicho en Su Palabra van en contravía de esa moral
entregada por el Creador al hombre a través de la Biblia.
¿Se equivoca la
Biblia?
Muchos dirán que la Biblia es un libro
anticuado, que fue escrito por hombres, que está plagada de errores, pero la
Biblia misma tiene autoridad en sí cuando afirma “Toda la Escritura es
inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para
instruir en justicia a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado
para toda buena obra” (2 Timoteo 3: 16-17 NVI). Y si bien algunos afirman que
no se puede confiar en la infalibilidad de la Biblia, ya que no poseemos los
documentos originales, podemos afirmar que es inerrante en el sentido de que
ella dice la verdad, y lo hace sin error en todas sus partes y con todas sus
palabras.
Y ¿qué relación guarda la infalibilidad de la
Biblia con lo dicho por Monseñor Córdoba en el foro académico de la Universidad
de Los Andes? Pues que puso en tela de juicio la conducta de los apóstoles
–afirmando que “no sabemos si alguno de ellos fue mariconcito”- y de María
Magdalena –cuando dijo que “no sabemos si era lesbiana; parece que no, porque
bastantes pasaron por sus piernas”. Al respecto tenemos para decir que lo que
la Biblia dice de los apóstoles está consignado en los evangelios, donde no se
esconde el carácter de ninguno de ellos; y en cuanto a María Magdalena, el
evangelista Lucas la menciona afirmando que “a Jesús lo acompañaban algunas mujeres
que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María, a la
que llamaban Magdalena, y de la que habían salido siete demonios” (Lucas 8:2
NVI); igualmente, los cuatro evangelistas relatan en el episodio de la
resurrección de Jesús, que María Magdalena, junto con la otra María, fueron las
primeras testigos de este histórico suceso.
Por último, llama la atención el lenguaje
utilizado por Monseñor Córdoba, puesto que como siervo de Dios, y teniendo en
cuenta la alta posición que ocupa dentro de la jerarquía eclesiástica, es
importante que observe más cuidado al expresarse. La Biblia no solo dice “sean
santos porque Yo soy santo” (Levítico 11:44; 1 Pedro 1:16), sino que también
añade “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras
contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes
escuchan” (Efesios 4:29 NVI).
El avance del
secularismo y la respuesta cristiana
De otra parte, analizando en profundidad el por
qué ocurre esto, lo único que podemos deducir es que es el resultado de un
avance agresivo del secularismo, que pretende eliminar a la Biblia de todo
contexto y darle cabida al libertinaje que anuncia la Biblia reinará rampante
en los días de la segunda venida de Cristo. Así que la actitud de los
cristianos debe ser la de “estar siempre preparados para responder a todo el
que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con
gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia para que los que hablan
mal de la buena conducta de ustedes en Cristo, se avergüencen de sus calumnias”
(1 Pedro 3: 15b-16 NVI).
Que hechos como estos ocurren deben ser mirados
como una oportunidad para exponer la verdad del Evangelio, tal como nos lo
enseña el apóstol Pedro, pues hemos sido llamados a “ser luz en medio de las
tinieblas”. Nuestros argumentos deben estar basados en la gracia de Dios y el
perdón de los pecados que otorga Jesús a quienes creen en Él.
De otro lado, es censurable que tengamos una
actitud homofóbica hacia los homosexuales, ellos merecen nuestra comprensión y
compasión y no nuestro rechazo. Pues conductas homofóbicas han dado fundamento
para que la comunidad homosexual se queje del trato que le dan los cristianos
al rechazarlos por su pecado, argumentando ‘falta de amor’ y una conducta
totalmente en contravía con el mensaje de aceptación de Jesús; sin embargo, hay
que mantener el equilibrio, nuestra tarea es predicarles el amor de Cristo y el
perdón y la redención de los pecados; pero no olvidemos que como lo dice Stott:
“es cierto que debemos aceptarnos unos a otros, pero solo como compañeros en el
peregrinaje, no como co-pecadores dispuestos a persistir en el pecado. Si
endurecemos nuestro corazón a la Palabra y a la voluntad de Dios, no se nos
promete aceptación alguna, ni de la iglesia ni de Dios, sino únicamente el
juicio”.
Por: Lía Salomé Sánchez García.
Periodista Nexus Stereo e investigadora para Revolution Time.
Periodista Nexus Stereo e investigadora para Revolution Time.