Juan 9: 16, 16 Algunos de los fariseos
comentaban: «Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no respeta el
sábado.» Otros objetaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes señales?» Y
había desacuerdo entre ellos.
Señor, crea
en nosotros hambre y sed por la Palabra que vivifica».
«¡Sea Dios exaltado!»
PARA RUMIAR:
La personas descuidan la calidad de las palabras que pronuncia y no se da cuenta de que las
barbaridades, atrocidades que dice traen importantes
consecuencias sobre sus vidas. Hay que domar la lengua. Santiago 3: 1 –
12. Hay que domar la
lengua
1 Hermanos míos, no pretendan
muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más
severidad. 2 Todos fallamos
mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz
también de controlar todo su cuerpo. 3 Cuando ponemos freno en la boca de los caballos para
que nos obedezcan, podemos controlar todo el animal. 4 Fíjense también en los barcos. A
pesar de ser tan grandes y de ser impulsados por fuertes vientos, se gobiernan
por un pequeño timón a voluntad del piloto. 5 Así también la lengua es un miembro muy pequeño del
cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se
incendia con tan pequeña chispa! 6 También la lengua es un fuego, un mundo de maldad.
Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el
infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida. 7 El ser humano sabe domar y, en
efecto, ha domado toda clase de fieras, de aves, de reptiles y de bestias
marinas; 8 pero nadie puede
domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal. 9 Con la lengua bendecimos a
nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen
de Dios. 10 De una misma
boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. 11 ¿Puede acaso brotar de una misma
fuente agua dulce y agua salada? 12 Hermanos míos, ¿acaso puede dar aceitunas una higuera
o higos una vid? Pues tampoco una fuente de agua salada puede dar agua dulce.
En
boca cerrada NO entra mosca. El que mucho habla, mucho yerra. Pensemos bien lo
que estamos diciendo trae edificación o destrucción. Mateo 12: 36, 36 Pero yo les digo que en
el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan
pronunciado.
Dios te siga
bendiciendo.
Pastor Mario
Arcila Castaño. M. A. C.