Juan 9: 22 – 23, 22 Sus padres
contestaron así por miedo a los judíos, pues ya éstos habían convenido que se
expulsara de la sinagoga a todo el que reconociera que Jesús era el Cristo. 23 Por eso dijeron sus padres: «Pregúntenselo a él, que
ya es mayor de edad.»
La pena con
que había de ser castigado dicho supuesto crimen. Si alguien se atrevía a tenerse por discípulo de Jesús debía de ser expulsado de la sinagoga, pues ya éstos habían convenido que se
expulsara de la sinagoga a todo el que reconociera que Jesús era el Cristo.
No era esto una mera medida disciplinaria; era en realidad, ser puesto fuera de
la ley y de la comunidad judía. Dice Hendriksen: “El relato sugiere, a no
usarlo, que la pena de excomunión aquí citada era terrible y definitiva. Leamos
otros versículos que hacen referencia a la aplicación de esta norma: Juan
12: 42, 42 Sin embargo,
muchos de ellos, incluso de entre los jefes, creyeron en él, pero no lo
confesaban porque temían que los fariseos los expulsaran de la sinagoga. Juan 16: 2, 2 Los expulsarán de las sinagogas; y hasta viene el
día en que cualquiera que los mate pensará que le está prestando un servicio a
Dios. Nótese que, en este últimos
versículos, la expulsión de la sinagoga y la pena de muerte van yuxtapuestas.
No sólo de los tribunales judíos y romanos tuvieron que sufrir persecución los
primeros cristianos, sino que la misma iglesia oficial, cuando su autoridad ha
estado en malas manos, ha lanzado los proyectiles de sus más pesada artillería
contra sus mejores miembros. No es cosa nueva ver expulsados de la sinagoga a
los que han sido el mejor ornamento y la mayor bendición de ella.
La influencia de esta ley tuvo sobre los padres del
hombre: Por eso dijeron sus padres:
«Pregúntenselo a él, Juan 9: 23. No se comprometieron a decir nada a
favor de Jesús, 22 Sus padres contestaron así por miedo a los judíos, Juan 9: 22. Jesús había originado, producido
el furor de los fariseos al sanar, curar a este hombre ciego de nacimiento, en
el día sábado, pero sus padres no querían causar en mismo furor al hacer honor
a Jesucristo.
Señor, crea en nosotros hambre y sed por la Palabra que vivifica».
«¡Sea Dios exaltado!»
PARA RUMIAR:
Recuperar el equilibrio
entre el ser y el hacer es uno de los más grandes desafíos que enfrenta el
hombre de estos tiempos. Lucas
1: 26 – 38, Anuncio del
nacimiento de Jesús 26 A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea,
27 a visitar a una
joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José,
descendiente de David. La virgen se llamaba María. 28 El ángel se acercó
a ella y le dijo: —¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor
está contigo. 29 Ante estas palabras, María se perturbó, y se preguntaba qué podría
significar este saludo. 30 —No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor —le dijo el ángel—. 31 Quedarás encinta y
darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Él será un gran
hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su
padre David, 33 y reinará sobre el
pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin. 34 —¿Cómo podrá
suceder esto —le preguntó María al ángel—, puesto que soy virgen? 35 —El Espíritu Santo
vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al
santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios. 36 También tu parienta
Elisabet va a tener un hijo en su vejez; de hecho, la que decían que era
estéril ya está en el sexto mes de embarazo. 37 Porque para Dios no hay nada imposible. 38 —Aquí tienes a la
sierva del Señor —contestó María—. Que él haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel
la dejó.
Dios te siga bendiciendo.
Pastor Mario Arcila Castaño. M. A. C.
