Vemos pues la importancia de
ser llenos del Espíritu Santo, y lo somos en la medida en que permanecemos en
Cristo. La vida de Cristo como la savia vivificante en la vid; fluye en nuestro
ser, produciendo fruto para la gloria del Padre y bendición para los demás. Sin
la vid el pámpano nada puede hacer. Así pasa en nuestras vidas. Cuando nos
esforzamos y trabajamos para producir el fruto del Espíritu, por nuestros propios
medios; seremos seres infructuosos y frustrados.
Pero cuando permanecemos en Cristo, manteniendo con
Él una estrecha y obediente relación; en plena dependencia de Su voluntad; Dios
el Espíritu Santo obra en nuestras vidas; produciendo el fruto del Espíritu.
Esto no quiere decir que instantáneamente adquirimos
madurez, dando de inmediato todo el fruto del Espíritu. La fruta que está en un
árbol frutal, lleva su tiempo en madurar y algunas veces es necesario podar el
árbol, para que produzca una gran cosecha. De la misma manera puede ocurrir con
nosotros.
Tendremos árboles en nuestra vida a los que habrá
que meterles el hacha; árboles que están muertos, podridos en la tierra, sin
ningún fruto y con un aspecto muy feo; Mateo
15: 13, 13 —Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado será
arrancada de raíz —les respondió—.
Mateo
7: 20, 20 Así que por sus
frutos los conocerán.
Dios
te ilumine y te de el entendimiento de Su Palabra.
Pastor
Mario Arcila Castaño. M. A. C.