EL FRUTO DEL ESPÍRITU.
El mundo de hoy, es un mundo carente de alegría, lleno de sombras, desilusionado y temeroso. Las
Sagradas Escrituras nos enseñan que nuestra alegría espiritual (no se olviden que es un fruto del Espíritu), no
depende de las circunstancias. Los
sistemas de este mundo han fracasado en sus intentos por alcanzar la “fuente de
la alegría”.
Dios, por medio de Su Espíritu nos da la alegría a nuestras vidas llenas de
problemas, posibilitando una existencia alegre, a pesar de las circunstancias.
La felicidad es esquiva y no la encontramos buscándola. Se produce cuando las
circunstancias externas son favorables; pero, la alegría va más allá. El placer
es momentáneo; la alegría permanece
a pesar de las peores circunstancias de la vida.
Charles Allen lo expresa de esta manera: “Así como
toda el agua del mundo no puede apagar el fuego del Espíritu Santo; tampoco
pueden todos los problemas y tragedias del mundo; aplastar la alegría que el
Espíritu Santo brinda al corazón humano”.
Dios te ilumine y te de el entendimiento de
Su Palabra.