EL FRUTO DEL ESPÍRITU.
Hago un paréntesis y les pregunto:
¿DÓNDE ESTÁ TU CORAZÓN?
Nuestros
corazones no son firmes. Sus corazones y el mío van y vienen. Nuestros
corazones se balancean a veces, como un péndulo. Cuando meditamos, RUMIAMOS
sobre el Evangelio, nuestros corazones aman al Señor, pero poco después,
estamos destinados a amar al mundo debido a nuestros pensamientos en la carne.
Esto nos habla sobre lo qué nuestros corazones deberían considerar.
El ojo es la
lámpara del cuerpo. Por tanto, debemos pensar
y fijar nuestra mirada en el Señor, y poner todo nuestro corazón en difundir el
Evangelio a cumplir la Gran Comisión, de ir por todo el mundo y anunciar la
Buenas Nuevas. Cuando pensamos en lo perfectamente que el Señor ha limpiado
nuestros pecados, nos damos cuenta de cómo nuestros corazones han sido
limpiados. Tal y como nuestro Señor dijo en el Antiguo Testamento: Isaías 1: 18 – 19, 18 »Vengan, pongamos
las cosas en claro —dice el Señor —. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos
como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la
lana! 19 ¿Están ustedes
dispuestos a obedecer? ¡Comerán lo mejor de la tierra! El Señor ha borrado todos nuestros pecados perfectamente, nuestros pecados al llevar
todos los pecados del mundo sobre Si mismo a través del bautismo que recibió de
Juan y de ser crucificado en el
Nuevo Testamento.
Dios te siga bendiciendo.
Pastor: Mario Arcila Castaño. M. A. C.