Juan 9: 11, 11 —Ese hombre que se llama Jesús
hizo un poco de barro, me lo untó en los ojos y me dijo: “Ve y lávate en
Siloé.” Así que fui, me lavé, y entonces pude ver.
Su
testimonio fue sencillo, pero convincente.
Narró los hechos de su curación, dando crédito a Aquel que había efectuado el
milagro. En esta ocasión, el hombre no se había dado cuanta de quien era Jesús.
Sencillamente, se refirió a Él como —Ese hombre que
se llama Jesús. Pero más adelante creció conocimiento y entendimiento del Señor y llegó a
saber quien es Jesús.
Pero aquí vemos
que alguien debió decirle cómo se llamaba el hombre que le curó. Quienes han
experimentado el poder y la bondad de Dios, ya sea en las cosa temporales, más
aún en las espirituales, deberían estar atentos en todo momento a comunicar sus
experiencias. Es una deuda de gratitud hacia nuestro Bienhechor, Benefactor, y
una deuda de testimonio hacia nuestros prójimos. Cuando los favores de Dios
quedan silenciados en nosotros, no merecen ser incrementados para nosotros.
«Señor, crea
en nosotros hambre y sed por la Palabra que vivifica».
«¡Sea Dios exaltado!»
PARA RUMIAR:
Si Dios
cuenta con alguien, será con la persona que está ocupada en ser fiel en
el lugar donde ha sido puesta.
Dios te siga
bendiciendo.
Pastor Mario
Arcila Castaño. M. A. C.