Hay dos tipos de
heridas que pueden llegar al alma humana, a la psiquis humana: una es la culpa y otra la tristeza. La tristeza
es una herida limpia; dele tiempo y sanará, pero la culpa es una herida sucia. Simplemente se infecta y sigue así sin
detenerse hasta que sea limpiada.
Por eso David ora:
“Oh Dios, mi alma se siente sucia, mi
mente está dominada por lo que he hecho”.
Salmo 51: 4, 4 Contra ti he pecado, sólo contra ti, y he hecho lo que
es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio,
irreprochable. Piense, RUMIE en esa primera
parte del versículo donde él dice: Contra
ti he pecado. Pero, ¿Contra quien pecó David?
Al pensar y RUMIAR en eso, usted podrá decir: Al cometer adulterio David pecó
contra su propio cuerpo. Obviamente, claramente también pecó contra su familia.
Y no solamente pecó contra su cuerpo y contra su familia; pecó contra la nación
de Israel. Ninguno de estos pecados se menciona. David vio el pecado como lo
que realmente es, ¡una afrenta, ofensa contra el Omnipotente Dios!
Oro para que Dios te ilumine y te de entendimiento de Su Palabra.
Dios te continúe bendiciendo.
Pastor: Mario Arcila Castaño. M. A. C.